14 de Junio de 2024
La reorganización de las cadenas de suministro en Norteamérica se ha convertido en uno de los fenómenos económicos más relevantes del escenario global. La fragmentación geopolítica,la renegociación del TMEC, la relocalización productiva y la búsqueda de mayor certidumbre operativa están redefiniendo dónde se produce, se invierte y se compite.
En este contexto, México comienza a perfilarse como un actor central. El Plan México se presenta como la hoja de ruta para capitalizar el nuevo ciclo industrial, mientras que los resultados más recientes del Índice de Desarrollo Industrial (IDI) de FINSA confirman que el país avanza hacia un rol decisivo dentro de Norteamérica y del nuevo orden productivo global. Estas son las tres razones:
Uno de los factores que explican el posicionamiento de México dentro de las cadenas de suministro de Norteamérica es la consolidación de su infraestructura industrial y su capacidad manufacturera.
El crecimiento del espacio productivo, la llegada sostenida de inversión extranjera y la madurez de capacidades técnicas configuran un entorno cada vez más competitivo para operaciones de largo plazo.
Ejemplo de ello son los cerca de 18 millones de metros cuadrados de espacio industrial en Nuevo León, la capacidad exportadora promedio de 67 mil millones de dólares anuales en Chihuahua y alrededor de 16 mil millones de dólares de inversión extranjera directa industrial en la Ciudad de México.
En un escenario marcado por la próxima revisión del T-MEC y la competencia global por atraer manufactura avanzada, la decisión de inversión ya no depende únicamente de costos. La certidumbre operativa, la infraestructura logística y la cercanía a mercados estratégicos se vuelven determinantes para la competitividad de la manufactura en México.
“Si México quiere mantener y escalar su posición estratégica, debe redoblar la inversión en habilitadores de largo plazo como son: infraestructura logística, talento e innovación, sostenibilidad y desarrollo social. Los anuncios recientes envían señales positivas al mercado: confirman que estamos en un proceso real de transformación y mejora. El país ya tiene la atención del mundo; ahora toca demostrar que respondemos con certidumbre y visión estratégica”, Sergio Argüelles, CEO y Presidente de FINSA
El segundo elemento estructural es la evolución de los ecosistemas productivos. Seis estados concentran más del 51 % del PIB manufacturero nacional —Nuevo León (13%), Estado de México (9%), Coahuila (8%), Jalisco (8%), Guanajuato (7%) y Baja California (7%)— y representan el núcleo de diversificación y sofisticación industrial del país.
Corredores regionales en Guanajuato, Querétaro y Jalisco fortalecen sectores como el automotriz, electrónico y aeroespacial, facilitando la llegada de inversiones en electromovilidad, semiconductores, dispositivos médicos y manufactura avanzada.
Este proceso de relocalización productiva refuerza la integración de México en las cadenas de suministro de Norteamérica.
Dentro de esta transformación, el Plan México busca elevar el contenido nacional, sustituir importaciones estratégicas y fortalecer proveedores locales —especialmente pymes— como base de un crecimiento industrial sostenible.
Además, los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar (PODECOBI) impulsan la consolidación regional. Entidades como Chihuahua, Sonora y Guanajuato ya cuentan con condiciones para recibir manufactura avanzada, mientras que otros estados como Campeche, Chiapas, Tabasco, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo avanzan en el cierre de brechas mediante planeación territorial y desarrollo productivo.
El IDI también evidencia una transformación social sostenida que fortalece la competitividad de largo plazo.
Actualmente, 26 estados superan los 10 años de escolaridad promedio y el ingreso de la población económicamente activa ha crecido cerca de 10 %, reflejando una base laboral más preparada para integrarse a procesos industriales de mayor complejidad.
El Plan México articula estos avances mediante acciones orientadas a profesionalizar talento, asegurar energía suficiente y promover polos de crecimiento regional que reduzcan brechas territoriales y fortalezcan la proveeduría local.
La convergencia entre infraestructura industrial, sofisticación productiva y transformación social coloca a México frente a una oportunidad estratégica sin precedentes: consolidarse como el eje manufacturero y logístico de Norteamérica.
Comprender esta transición resulta fundamental para inversionistas, autoridades y actores industriales que buscan anticipar tendencias y tomar decisiones en un entorno global en transformación. La tercera edición del Índice de Desarrollo Industrial ofrece información detallada por estado y una lectura integral del posicionamiento real del país en el nuevo contexto productivo.
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